Historia de México siglo XIX

Agustín de México, rey de los mexicanos

Agustín de Iturbide

 

Artículo extraído de la colección de ensayos intitulado “Monarquía de la música y México” por René Platiní.

Agustín de Iturbide, Agustín de México, es el autor de la nacionalidad mexicana y fue ungido Vicario Secular de Cristo en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México el domingo 21 de julio de 1822.

La ceremonia siguió el ritual de tradición más antiguo con toda la simbología tradicional española más la tradición de la coronación imperial y se inscribiría y remontaría, en este caso, siguiendo la coronación de los emperadores bizantinos y de los emperadores romano-germánicos de Carlomagno hasta Carlos V.

Con música de un Te Deum de acción de gracias por la entronización de un nuevo soberano en la Tierra, caso excepcional en toda la historia universal del primer y único rey de la Cristiandad americano, más específicamente: mexicano.

La regla del ceremonial para la unción y coronación era el Pontifical Romano, aunque en buena medida México recuperó la tradición galicana, es decir, el ceremonial de la Catedral de Reims para la coronación tradicional de los reyes franceses. 2

Los actores del ceremonial mexicano fueron retomados de la ceremonia de Notre-Dame. Los habitantes de la Ciudad de México pudieron ver tal innovación en la procesión de entrada, que en este caso no salía del palacio arzobispal, como en París, sino del imperial (la casa de Moncada), en la que ciertamente desfilaban las corporaciones tradicionales del reino mexicano: parcialidades de indios, órdenes religiosas, parroquias, cuerpos de oficios, universidad, oficinas, etcétera. Tras de ellas venían, delante del emperador, quienes ejecutarían los oficios ceremoniales: "los uxieres, cuatro de frente; los reyes de armas, dos de frente. El jefe de los reyes de armas. Los pajes, cuatro de frente; los ayudantes de ceremonias, los maestros de ceremonias, el jefe de ceremonial", cargos y distribución todos traducidos literalmente del ceremonial de Napoleón I. Además, así como en París, seguían a ellos los generales que portaban las insignias imperiales, los emperadores con sus escoltas, el comandante de la guardia, los ministros y los "generales del Imperio", desfilando todos a pie, y no a caballo o carroza como era en las proclamaciones hispánicas.

Llegados ya todos los participantes al principal templo mexicano, comenzaría la ceremonia propiamente dicha. Y ahí de nuevo el ritual de Reims hacía eco en la Catedral Metropolitana de México a través de lo hecho en 1804 en Notre-Dame de París: la ceremonia debía comenzar con el canto del Veni Creator, que no figuraba para nada en el Pontifical Romano, pero que tenía sentido por ser el primer himno del oficio de Tercia, que se rezaba completo en Reims a la llegada del rey, en espera del arribo del santo recipiente con los sagrados óleos para uncir y consagrar a Don Agustín de Iturbide.

Luego de la entronización procedía la aclamación el obispo consagrante quitándose la mitra y, previa reverencia y veneración al monarca, repetía por tres veces el ¡Vivat Rex in aeternum! que en México se convirtió en el ¡Vivat Imperator in aeternum! dicho una sola vez.

De Reims, provino un último gesto: el Pontifical Romano preveía en la ofrenda que el monarca podía presentar "todo el oro que le agradare" (aurum, quantum sibi placet), y pasaría a besar la mano del consagrante. En México, el Ofertorio fue de oro y plata en efecto, pero siguiendo la tradición francesa: un pan de oro, un pan de plata, un cáliz y trece piezas de oro y trece de plata, incrustadas en cirios. 3

Es cierto que los artículos 29 y 35 del proyecto mexicano de coronación disponían que el Pontifical Romano fuera seguido para los ritos de consagración y coronación de Agustín I propiamente dichos, y en el caso mexicano fue una sola unción en los brazos del emperador Agustín I y la emperatriz Ana.

La unción es lo que, desde los orígenes de la Humanidad, determina el poder real.

¿Por qué es importante señalar todo esto a la hora de hablar de Independencia?

Bueno, porque el tema de la creación de un nuevo país es algo muy profundo y trascendental, en realidad no hubo tal Independencia, sino algo mayor y nuevo: otro país.

Y la entronización del emperador mexicano marca la auténtica proclamación de un nuevo reino, no la consumación de nada ni independencia de algo, pero el empecinamiento de republicanos por implantar una República en el reino mexicano los llevó y aún mantienen una postura de ligar un acontecimiento como la insurgencia de Hidalgo con lo hecho por Iturbide y a decir una y otra vez que un país postrado por España se independizó. Estas tesis no resisten un análisis serio y se ha caído en la vil mentira y engrandecimiento de personajes que son puramente anecdóticos en detrimento de la biografía del autor de la nacionalidad mexicana por ser el creador de un nuevo reino cuando Agustín de México fue ungido Vicario Secular de Cristo con los santos óleos, como solamente pueden serlo reyes y sacerdotes.

La trascendencia de este hecho consumado está por encima del protagonismo de un Congreso político mexicano que se empecinó en querer mostrarse más de lo debido, según los diputados para que el nuevo emperador debiera su nombramiento a la nación y al Congreso que la representaba, es decir, a los cabecillas, pero la realidad es que, por más que lo intentaran, no es así, pues a un Vicario Secular de Cristo, potestad de reyes y sacerdotes, no lo nombra nadie, más que Dios. 4

Se crea o no crea en un poder superior divino, no importa nada, pues un Todopoderoso Omnisciente y Omnipresente no depende de nadie ni de nada, no importa en lo crean unos, Él Es, el que Es.

Ahora sumen lo anterior a que el 99% de la Humanidad sí cree en algo superior divino. Sumen que México es un país occidental, que quiere decir lo mismo que cristiano, se sea practicante o no, se está y se vive un universo cristiano. En suma mayoritariamente católico apostólico romano.

Si el mexicano de a pie tuviera esta información a la mano ¿qué creen que pensarían los mexicanos en general de la persona de Iturbide como rey de los mexicanos? ¿Qué pensarían del hecho de haber matado a un Vicario Secular de Cristo? ¿Se darían cuenta de por qué Iturbide es un personaje que se cuece a parte y nada tiene que ver con Hidalgo u otro, ni con ninguna “Consumación de la Independencia”?

El mundo entero se asombró de la unción que hizo la Iglesia Católica a Iturbide en la Catedral más importante de América, (una de las más importantes de toda la Cristiandad), pues con esta acción, más que con ninguna otra, hizo que el reino de México fuese una realidad tangible y sin refutación, reino que Iturbide delimitó y nombró así, no por el Acta de Independencia (documento que él no redactó), no, ni por la Bandera Tricolor que él sí diseñó y dotó de sustancia (Unión, Independencia y Religión Católica), sino por haber sido nombrado representante de Cristo ante el mundo como rey y emperador de una nueva nación.

Sobre las insignias del emperador y su uso durante la ceremonia. La comisión redactora del proyecto dispuso que fueran cinco: corona, cetro, anillo, espada y manto.

La "jura", como se le llamaba en los reinos americanos a la fiesta ceremonial cada que un nuevo rey subía al trono, era de hecho la representación de una entrada regia triunfal en cada ciudad y población importante, y así sucedió en todo México. 5

Ceremonias religiosas, presentes sin duda, tenían una importancia más bien limitada en el reconocimiento del nuevo monarca. Cierto, el real pendón que representaba al soberano debía ser bendecido, y lamentablemente no tenemos noticia detallada del ritual seguido para la ocasión, pero la bendición tampoco era un elemento indispensable de la exaltación al trono del rey. El paseo, la entrada triunfal, y las muestras de júbilo de los nuevos súbditos mexicanos con el decorado de sus fachadas, con las corridas de toros y demás festejos, ocupaban el lugar central. Así era, a grandes rasgos, la tradición hispánica de la “jura” del rey.

Cabe reconocerlo, Agustín I tuvo varias ceremonias de proclamación que siguieron este ceremonial a lo largo y ancho del nuevo imperio, y la hubo también en la Ciudad de México, pero hasta los días del 24 al 26 de enero de 1823.

Con el asesinato del emperador en realidad se pretendía que México cayese bajo la influencia de Estados Unidos y, salvo los días del Primer y Segundo Imperio Mexicano junto al largo periodo de Gobierno de Porfirio Díaz, la nación mexicana no ha conocido independencia ni ha podido crecer ni ser la potencia que se supone está destinada a ser, a causa de las mentiras y ocultamiento de la verdad histórica y que, como podemos ver, es más trascendental y aún más asombrosa.

                                 Iturbide Emperador de Mexico

Qui aures audiendi, audiat