El Fuego Nuevo

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La Fiesta del Fuego Nuevo

 

Los mesoamericanos tenían una ceremonia para conmemorar cada ciclo llamado “La atadura de los años”, era algo así como como el conteo de nuestro de los siglos que son cada 100 años; en la forma de su calendario solar en donde el año se componía de 360 días mas 5 o 6 que eran de incertidumbre, su medición del año solar coincidía plenamente con la medida de las civilizaciones del “Viejo Mundo”.

 

Había dos tipos de calendarios, el solar (Xiuhpohualli) y el lunar (tonalpohualli) que era de 260 días.

 

Dentro de su medición y concepción de: “La Atadura de los años” se ha determinado que tiene el equivalente a 52 años, cada lapso de este tiempo se celebraba una ceremonia solemne en donde los mesoamericanos se preparaban para iniciar una nueva era.

 

Cuando se inicia la era del México colonial, hubo una especie de trauma en la población mesoamericana que fue despojada por completo de su religión para imponer el cristianismo, no sucedió como las conquistas de griego y romanos que respetaron las costumbres y religión de sus pueblos sometidos.

 

Desgraciadamente para los habitantes de nuestro continente en este punto no podía haber ningún tipo de acuerdo ya que este era precisamente la justificación que la reina Isabel expidió desde los viajes de Colón, que estas nuevas tierras solo podían se conquistadas en el nombre de dar a conocer al verdadero Dios y extender la religión verdadera, ya que sin este precepto no hay justificación moral de llevar a cabo invasiones y conquistas.

 

Estando ya en la era del México Colonial, hubo un sin numero de ejemplos de vivía oposición de los guardianes de religión y costumbres de los mexica, que siguieron practicando sus ritos y costumbres, incluso el sacrificio humano.

 

Es por eso de que tenemos noticias de que en 1599 se llevo a cabo la ceremonia del Fuego nuevo en forma ultra secreta.

 

Cronología.

La evidencia documental nos plantea que la costumbre viene en los fenómenos migratorios en donde se han documentado el de los toltecas y los aztecas, en el Códice Chimalpain menciona el encendido del año 1091, en plena era de los Toltecas y dice que en ese año inicia la migración de los aztecas, sin embargo hay otras fuentes que difieren, el códice Boturini nos marca el 1116, proporcionando los lugares de donde se llevo a cabo estas primeras ceremonias:

 

  1. 1116 en Aztlan.
  2. 1143 en Coatepec, muy cerca de Tula.
  3. 1195 en Huitzocotepetl (Apasco).
  4. 1247 Tecpayoatepetl (Tepayocan)

1299 en Chapultepec, cuando los aztecas ya estaban en la zona de los grandes lagos. En los tiempos en que la supremacía del lugar se dividía entre tepanecas y Cuhluas.

1351, 1403, 1455 y 1507, en Tenochtitlan, cuando los aztecas ya se habían establecido como el gran poder de la zona y ya son considerados mexicas.

 

El conteo de 52 años en forma matemática viene desde 1247; y cuando se termina la era prehispánica, se tiene noticia de que las siguientes ceremonias sobre todo en la era colonial, se realizaron de manera clandestina a escondidas de la autoridad virreinal y la iglesia, estas se realizaron también en el Cerro de la estrella y fueron las de; 1599, 1611, 1683, 1715, 1767 y 1819. En el México independiente, tenemos las de: 1871, 1923 y 1975.

Hay que aclarar que estas últimas han sido más bien festivales y un intento de rescatar las tradiciones mesoamericanas.

 

El momento considerado en que se realizaba, era cuando las Pléyades llegaban al punto más alto del cielo, así lo refiere Fray Bernardino de Sahagún:

"...el mundo se había de acabar en el fin de una de estas gavillas de años; y tenían pronóstico u oráculo que entonces había de cesar el movimiento de los cielos, y tomaban por señal al movimiento de las Cabrillas (las Pléyades) la noche de esta fiesta, que ellos llamaban toxiuh molpilia; de tal manera caía que las Cabrillas estaban en medio del cielo, a la media noche."7

El dato de Sahagún que es respaldado por otros cronistas presenta cierta ambigüedad del término, pues para nosotros "media noche" significa las "cero horas" expresada por nuestros instrumentos de medición, mientras que desconocemos la precisión de su sistema para contar las "horas o minutos" y por lo tanto calcular la "media noche" resultaría o sería manipulable pues el paso de una estrella por el cenit puede percibirse durante varios días continuos e incluso semanas.

 

Por otra parte, la evidencia nos muestra el interés simbólico por expresar estos acontecimientos por lo que más bien la referencia es al punto considerado más profundo del Sol, este sería el lado opuesto al paso cenital (considerado el punto más alto) siendo el 6 de noviembre cuando el sol se encuentra en el nadir (su punto más bajo) y las Pléyades en el cenit, combinando ambos aspectos se obtiene mayor precisión.

Para Rafael Tena el evento sufrió un desplazamiento por lo que en vez de celebrarse la noche del 6 de noviembre se pasó al 9 de diciembre pues considera que se fusionó la ceremonia del Fuego Nuevo con la fiesta de Huitzilopochtli al final de la veintena de Panquetzaliztli.

 

Relato basado en Heriberto Frías.

Gran expectación causaba en el mundo náhuatl la proximidad del fin del “Ce-Tochtli” que es el ciclo de cada 52 años, “la atadura de los años” el tiempo que los náhuatls tenían para medir sus ciclos de años.

 

Días antes de cumplirse el que podría ser el fatal día, comenzaban a tomar providencias. Guardaban semillas de maíz para una posible hambruna; popoyótl que es maíz aneblado, fríjol, chile y demás comestibles.

 

Las casas eran adaptadas para el venidero suceso con escaleras para poder subir a las azoteas y protegerse de los mounstros que vendrían a devorarlos. Era tan grande el temor que los más humildes se vendían a si mismos, a su esposa y a sus hijos con tal de tener alimento para aquellos días aciagos. El nerviosismo y la incertidumbre crecían en cuanto se llegaba el día del “Fuego Nuevo”

 

Finalmente el día llegaba, el último día, del siglo de cincuenta y dos años de los mexica, entonces se celebraba la gran fiesta de la «renovación del fuego».

 

Cuando, llegaba la noche, ¡se apagaban todos los fuegos!: en los teocalis en los palacios del emperador, en el Templo Mayor, en las casas de los nobles y principales guerreros y hasta en los más humildes jacales de la gran Tenochtitlan y aun también, en el de las últimas ciudades del imperio azteca. ¡Todo tornaba a la obscuridad más absoluta!

 

Ya en la obscuridad, sin los fuegos encendidos, se quebraban todos los utensilios de barro, vasos, jarros, platos, cacerolas eran hechas añicos y lanzadas a los lagos y lagunas de la gran ciudad. ¡Iban los hombres a prepararse al siniestro espectáculo del fin del mundo!

 

¡Cuán horribles ansiedades atormentaban desde ese instante a todos los súbditos del imperio!¡.. ¡El fin del mundo se aproximaba!. ¡Dioses, templos, palacios, ciudades; reyes, guerreros y sacerdotes... las inmensas -montañas del grandioso Valle, los lagos y los bosques del sur, todo se precipitaría en los negros abismos del infierno., en la hora suprema de la horrible catástrofe!. ¡Angustiosísima duda abatía los corazones de los aztecas¡...

 

El sol, que había lucido bienhechor y poderoso aquel día, ¿surgiría mañana? ¡Y en aquella pesadumbre del porvenir de destrucción, los seres que se amaban, se dirigían las últimas confidencias, las postreras palabras afectuosas, y tiernamente se despedían unos de otros!, ¿volverían a verse mañana?

 

Sobre las terrazas de templos, y palacios, sobre las azoteas de las casas, en las cumbres de los montes, en lo más alto de las colinas las multitudes se aglomeraban ansiosas esperando el fatal instante del fin del mundo, o, ¿porque no?, el momento feliz en que lucieran en las lejanías rumbo al monte sagrado, los fulgores de las hogueras que, anunciaran la renovación del fuego, ¡la continuación de la vida en el nuevo siglo!

 

En plena- noche, los sacerdotes revestidos con los ornamentos del dios a quien servían, cargando sus efigies en ídolos de piedra, se dirigían, seguidos de una multitud febril y delirante de angustia y esperanza, lacia la cumbre del sacro Huit-zatchtla, en lo que hoy es el Cerro de la Estrella en Ixtapalapa.

 

Todos los sacerdotes y encargados de la gran ceremonia hacían vigilia y penitencia para santificarse en la gran tarea que tendrían que llevar a cabo, se vestían entonces con gran esmero y cuidado preparando los ornamentos y utensilios. ¡Finalmente llegaba la puesta del sol!

 

Entonces se iniciaba la gran procesión, lenta, gravemente de manera solemne los sacerdotes comenzaban la marcha desde el Centro de la Gran Tenochtitlan en el Templo Mayor rumbo a Ixtapalapa a donde tendrían que llegar cerca de la media noche.

 

Todavía en la actualidad podemos observar el lugar en donde se realizaban estas ceremonias.

 

Uno de los sacerdotes llevaba el fletaxoní, instrumento compuesto de dos, piezas de madera, que al ser puestas en movimiento, rozaban, produciendo tal calor, que arrojaban chispas... ¡las divinas chispas que arrojaban el consuelo y la felicidad sobre las multitudes. inquietas y sobresaltadas.

 

Todos estaban en gran temor por lo que fuera a acontecer, ya que si no se podía sacar la lumbre, el inevitable fin de la humanidad vendría sin remedio, las tinieblas se apoderarían del mundo, ¡el sol no volvería a salir!.

 

Del cielo bajarían los tzitzimime, que eran unos animales feísimos y feroces que se comerían a todos los hombres y mujeres.

 

En las ciudades del imperio todo era expectación, la gente subía a las azoteas de las casas, ¡nadie quería estar abajo! y ¡nadie se podía dormir!, ni los niños ni los bebes a los que les colocaban mascaras de maguey para que no fueran a convertirse en ratones.

 

Se hacía penitencia, con espinas se sangraban para propiciar que todo fuera favorable. Todos miraban hacía el lugar donde la procesión regresaría con el fuego nuevo. Los sacerdotes mientras tanto, habían llegado al Cerro de la Estrella.

 

Un cautivo de las guerras floridas era entonces sacrificado con un puñal de obsidiana que enterraban el pecho extrayendo el palpitante corazón y presentándolo a los cuatro puntos cardinales.

 

A la hora solemne, el sacerdote se aproximaba al pecho de una víctima de noble origen. Sobre su pecho exangüe y yerto, se depositaba una losa, de lo que sería la base de la primitiva hoguera del fuego.

 

El sacerdote extendía los brazos y con sus utensilios listos daba un rudo y rápido impulso de rotación; con el roce de sus maderas se producía entonces el grandioso fuego nuevo; ¡brillaban en medio de la obscuridad intensa de la noche, las esperadas chispas sagradas. ¡Y eran esas chispas las magníficas estrellas que de nuevo habrían, de iluminar en lo futuro las grandezas imperiales de la raza tenocha, dominadora absoluta del Anahuac!.

 

¡Un inmenso grito de entusiasmo y de suprema alegría, lanzaban las muchedumbres que habían acompañado a la procesión, al contemplar los primeros fulgores del fuego nuevo, del fuego que significaba la nueva vida, la alegría y el poder en los que aún vivían!.

 

¡Oh, el poderoso prestigio de la renovación del fuego!, ¡Jamás ceremonia alguna,: hizo aclamar tanto al gran Teot1, al gran señor del Universo!

 

Producidas las primeras chispas del fuego, encendíase una inmensa hoguera, sobre la cual se arrojaba el ensangrentado cuerpo de la víctima; las altas llamas rojizas que se elevaban al cielo en las profundas tinieblas del horizonte, eran productos del fuego y de la sangre... ¡y anunciaban en su relámpago terrible, la extensión del poderío de los aztecas!

 

Después se encendía una hoguera más grande aún... y allí se arrojaban los cuerpos de las víctimas sacrificadas.. y en esa hoguera iban todos los que presenciaban la augusta e imponente ceremonia, a encender sus antorchas, y, los que tal cosa lograban, regresaban a sus hogares danzando alegremente y al compás de chirimías y teponastles, al son de caracoles, festejando la benevolencia de los dioses., quienes al fin concedían cincuenta y dos años de tregua -todo un cielo mexicano a la raza que tanto reverenciara a sus divinidades favoritas.

 

El temor y la expectación se tonó en atronadora alegría, cuando los habitantes tenochas que expectantes se encontraban sobre las azoteas de sus casas vieron llegar algunos de los emisarios con el fuego nuevo. Entonces todo se renovaba, nuevos ídolos, utensilios, vasijas, joyas y muebles surgían por doquier para colocarlos en el lugar de los viejos y rotos.

 

Extraordinaria actividad, inaudita alegría sucedía entonces al antiguo abatimiento... las multitudes pululaban con sus millares de antorchas encendidas, dispersándose en todas direcciones, prestando sus fuegos a los vecinos, que los llevaban a otros, y éstos a otros más, y así hasta lo infinito, multiplicándose prodigiosamente... Y aquellos fuegos alimentaban los extinguidos de los hogares, y así cundían vertiginosamente, y aquella. misma, noche -todos los hogares del imperio azteca tenían la la suprema y la divina felicidad de tener el nuevo fuego!

 

Más allá... en él centro de, la gran Tenochtitlan, ante el ara del siniestro y rojo dios de la guerra, ante el terrible Huitzilopochtli, llegaba el emisario principal a encender en el candelabro principal la divina llama. Las danzas y los sacrificios sangrientos se verificaban a la luz de las sagradas antorchas... ¡y las fabulosas muchedumbres lanzaban aullidos estentóreos, proclamando la felicidad y la gloria de la patria y de sus emperadores!

 

En medio de estos festejos el día comenzó a clarear, la estrella matutina hizo su aparición; ¡Quetzalcoatl! Aclamaron los presentes, y de pronto el astro rey comenzó a asomarse. ¡Indescriptible alegría en los corazones de los aztecas que veían confirmada la nueva alianza con sus dioses!

 

Investigación personal.

Al día siguiente, encontrábanse las casas blanqueadas, los edificios en ruinas reedificados, con más plantas y flores los jardines...y había fiesta en los suburbios para divertir al pueblo, todos se sentían aliviados, ¡ya había pasado la pestilencia y el hambre! los tecutin perdonaban a sus esclavos, había amnistía completa en todo el imperio. ¡Llegaba un nuevo ciclo!.

 

Sin sentir la fatiga de la desvelada, entusiasmados por el magno acontecimiento, los aztecas prendían hogueras por todas partes de la ciudad; echaban incienso para aromatizar el ambiente, para santificar la nueva era.

 

Se preparaba un gran banquete, los sacrificados eran asados y freídos en enormes cacerolas. Mientras en otros calderos se preparaban enormes cantidades de frijoles y chocolate. La comilona era impresionante todo era fiesta, baile, teponastles y chirimías.

 

En el “Templo Mayor”, una solemne ceremonia se llevaba a cabo, los teocalis de Tlaloc y Huitzilpochtli, lucían sus mejores galas, enormes calderos pintados de rojo y negro que simbolizaban el lugar del Tlapallan, portaban la flama del Fuego Nuevo. Los sacerdotes llevaban a cabo sacrificios de valientes guerreros capturados en las guerras floridas; los corazones palpitantes eran ofrecidos al astro rey en agradecimiento y tributo al nuevo ciclo.

 

Dicen los viejos más grandes que los viejos, que fueron entrevistados por Fray Bernardino de Sahagún, que esta fiesta fue instaurada por el rey tolteca Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl, cuando se instauro la atadura de los años, cuando se creó la fiesta del Fuego Nuevo y que se llevó a cabo por última vez en tiempos del Gran Tlatoani Moctezuma I. ¡La Gran Fiesta del Fuego Nuevo!.

 

Desde hace algunos años, diversos grupos que se auto denominan de “tradición” han retomado la ceremonia, queriendo restituirle su sentido astronómico. Debido a deriva del cielo, ellos en la actualidad lo realizan el 19 de noviembre.

Las referencias a una supuesta sobre-vivencia no están bien documentadas y por lo general son datos dispersos y en ocasiones, incoherentes.

La ceremonia del Fuego Nuevo se realiza actualmente el día 19 de noviembre de cada año en el Cerro de la Estrella (Huizachtépetl), en la Ciudad de México, como parte de los festejos de tradición de los pueblos originarios, tomando como base las fechas en las que se realizaba dicho ritual durante el siglo XVI. Coincidiendo astronómicamente con el paso cenital de las Pléyades durante ese siglo, aunque en la actualidad ocurre 8 días después.

Estamos a 6 años de volver a completar otro ciclo de “La atadura de los años”, la última fue en 1975, en donde no hubo un gran interés por parte de los mexicanos, sin embargo muy distinto será en esta ocasión en donde podemos constatar una revaloración de las historia y las costumbres del México prehispanico, por lo que estoy seguro que vamos a tener un gran acontecimiento en donde se pueda llegar a la mayor parte de la población mexicana.

 

Referencias:

 

Smith & Elson. (2001) « la ceremonia del Nuevo Fuego fue un ritual de mucha antigüedad y muy extenso que en el México posclásico fue apropiado por el imperio azteca como parte de su programa de dominación política y legitimación ideológica »

 

Heriberto Frías. (1899) <<Relatos y leyendas>>

 

Fray Bernardino de Sahagun, Historia general, libro IV a VII

 

Domingo Chimalpain. << Las 8 relaciones y memorial de Colhuacan>>

 

Broda, Johanna (1982). La fiesta azteca del Fuego Nuevo y el culto de las Pléyades. Fink.

 

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