Historia

 

¿Es la Historia Realidad o Interpretación?

 

     Conquista de Tenochtitlan

 

José Quesada Fox

Colaborador de Ecos de la Antigüedad

 

Recientemente México conmemoró dos hechos históricos que fueron significativos dada la fecha en que sucedieron estos. Me refiero a los 500 años de la caída y rendición de Tenochtitlan el pasado 13 de agosto y los 200 años de la consumación de la Independencia de México el pasado 27 de septiembre y firma del acta correspondiente al día siguiente. Debido a esto, Ecos de la Antigüedad -programa de radio producido y dirigido por Raúl Rodríguez Lucio- dedicó respectivas series de programas radiofónicos a dichos eventos.

Los que colaboramos en estos programas buscamos siempre apegarnos estrictamente a la narración y descripción de los hechos, utilizando fuentes fidedignas e investigando con el mayor rigor posible conforme a nuestros conocimientos y experiencia. Al final lo que se busca es exponer la verdad y fidelidad histórica del tema que se está tratando. Si preguntara yo en este momento: ¿queremos conocer la realidad de las cosas? En este caso, ¿cómo sucedió realmente tal o cual hecho histórico? ¡es la historia realidad o interpretación? Difícilmente encontraría alguien que me dijera que no tiene tal interés.

Pero, a la vez, habrá quienes digan que esto no es posible. ¿Por qué no es posible? Simplemente – nos dirían- porque la historia es interpretación de los hechos del pasado por quiénes tratan los mismos. De ahí la importancia de la historiografía, disciplina que estudia las fuentes históricas.

 Es por esto, qué en nuestro caso, gracias a que Raúl cuenta con grupo diverso de colaboradores -entre ellos Ulises Ordoñez- podemos contar con diversos enfoques de aproximación a los hechos históricos que tratamos, los cuales se generan en función a nuestra formación, experiencia y creencias. Cabe destacar que una de las características de este programa es la libertad de exposición y consideración y respeto a la postura tanto de los participantes como de los radioescuchas.

             Cortes

Aún así, no hay que pensar, que el tratamiento de los hechos históricos ha de reducirse a simples opiniones y comentarios surgidos al azar o por simpatía o antipatía a los mismos y sus protagonistas. A mi forma de ver, siempre debe de prevalecer el rigor documental y el análisis de las mismas fuentes, procurándose la interpretación más realista posible. Veamos que es esto.

En la serie de programas sobre la caída de Tenochtitlán, Raúl y un servidor bajo la conducción de Alonso Santamaría, nos dimos a la tarea de narrar y comentar los hechos que propiciaron la caída de México Tenochtitlan. Comenzamos narrando las expediciones de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518) a nuestras actuales costas del Caribe y Golfo de México. 

Continuamos después con la propia de Hernán Cortés (1519-1521), describiendo someramente los hechos significativos de su expedición y la actitud del emperador Moctezuma ll. Fuimos narrando batallas y eventos y en el último programa relatamos la trágica y dolorosa caída de Tenochtitlan y la rendición de Cuauhtémoc. Narrativa en la que no faltó la descripción de diversas anécdotas como lo fueron las dos veces en que Cortés casi cae en manos de los guerreros mexicas, el frustrado trabuco que no funcionó al final, o el destino que pudo haber tenido el oro que se perdió durante la huida de los españoles en lo que originalmente se conoce como la “noche triste”.

Cortes y Moctezuma

Para narrar estos hechos no solamente utilizamos al propio Cortés y a Bernal Díaz del Castillo, sino también a otros testigos “directos” o cercanos a los hechos, como lo son los informantes de Sahagún, el propio Anónimo de Tlatelolco y los informantes de Fernando de Alba Ixtlilxóchitl, que a partir de sus propias cosmovisiones e intereses nos narran lo sucedido.

Por ejemplo, Cortés en sus Cartas de Relación[1] escasamente menciona los nombres de sus capitanes y describe sus acciones en primera persona, buscando así explicar y justificar las mismas ante el Emperador Carlos V. Bernal Díaz del Castillo[2] narra pormenorizadamente estos y otros hechos destacando siempre las glorias, fortunas y penalidades que pasaron los conquistadores tanto a nivel personal como colectivo.

En el libro Xll de la Historia General de las Cosas de la Nueva España, conocido también cómo el Códice Florentino, el cuál fue elaborado bajo la conducción de Fray Bernardino de Sahagún, los “informantes de Sahagún, es decir aquellos indígenas que relatan los hechos referentes a la conquista, nos hacen saber lo que Moctezuma sintió en relación con los presagios que anunciaban los hechos funestos que acarrearían la llegada de los españoles a estas tierras[3] y su destrucción. Describe también las embajadas que el emperador mexica enviaba constantemente rogando a los españoles que regresaran a su tierra.

En el Relato de la Conquista, atribuido a un autor anónimo de Tlatelolco[4], quienes lo hayan escrito, nos hacen ver la angustia y terror de la caída de la gran ciudad y la claudicación de su emperador. Finalmente, Fernando de Alba Ixtlilxóchitl[5], narra los hechos de la conquista desde la perspectiva de sus propios ascendentes texcocanos, destacando obviamente el papel protagónico de su bisabuelo Ixtlilxóchitl, último “tlatoani” Acolhua y aliado de Cortés. Siendo así las fuentes primarias que consultamos, lo cual nos permitió tener diversas aproximaciones a los hechos narrados, y a lo vez, conforme a nuestro estilo, extraer de ellas anécdotas que siempre hacen más curiosa y deleitable la narración.

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Más sería incompleto quedarse solamente con las fuentes históricas directas o más cercanas, por lo que se acudió a otras fuentes escritas más adelante a través de estos cinco siglos. Me refiero a la Historia Antigua de México del historiador jesuita novohispano Francisco Javier Clavijero, en la cual encontramos ya una narración de tipo enciclopédico de los hechos de la conquista.

Es decir, este autor, ya utiliza diversas fuentes y citaciones para realizar su exposición y argumentos. Clavijero deja ver que el propósito de su obra es más averiguar la verdad, que “hermosear [su] narración con un estilo brillante y elocuente, con reflexiones filosóficas y políticas y con hechos inventados por el capricho…” [6]. Pero, he de decir, que además de ser este trabajo un claro intento de rigor histórico, no por eso deja de agradar el estilo narrativo del mismo, así como entreverse su propia interpretación de los hechos conforme a su época y tradición.

Ya en la época independiente Don Lucas Alamán nos brinda una narración de la conquista como antecedente del nacimiento de la nación mexicana cuyo efecto fue darle patria a “las dos terceras partes de los habitantes actuales de la república”[7], dentro de la discusión que se daba para justificar la independencia de México, tema y autor referidos en la serie más reciente de Ecos de la Antigüedad.

Hoy esta visión ha cambiado dentro de la historiografía del momento. Simplemente véase a Federico Navarrete[8], para quién la conquista es acto de los propios indígenas mexicanos, o la de Pedro Salmerón de reciente aparición[9], quién relativiza la hazaña militar de 400 o 1000 valientes, o el genocidio de toda una cultura, para remarcar que el término conquista de México es discutible, y que la caída de Tenochtitlan es solamente una parte pequeña, pero muy intensa de la irrupción española y las guerras mesoamericanas.

Finalmente, para esta narrativa no pudimos dejar pasar de largo la monumental obra del historiador británico Hugh Thomas, la cual relata la “lucha de un pequeño grupo de aventureros bien dirigidos contra una monarquía importante y estática[10]. Obra de 896 páginas cuyo extenso relato y argumentación viene bien soportada por innumerables citas bibliográficas y material de consulta, lo cual hace difícil su lectura para aquellos que gustamos de revisar las fuentes.

Parte de todo este material utilizamos para la elaboración del relato de la serie de programas sobre la caída de Tenochtitlán que, en forma análoga a lo mencionado por Salmerón, no es más que una pequeña parte de todo un relato de lo que algunos consideran una gran hazaña y otros un trauma.

En el siglo XlX y todavía en el siglo XX estos hechos se consideraban el origen de la nación mexicana y quizá hoy se quisieran borrar de nuestra historia. Sin embargo, estas interpretaciones históricas desde las relaciones de Cortés a su rey o las contenidas en la “visión de los vencidos”[11], hasta las más recientes, como la de Navarrete (protagonismo indígena), están basadas en hechos reales que sucedieron justamente hace 500 años en México y cuyo conocimiento es importante para dar sentido a nuestra propia realidad actual.

  ¿Es la Historia Realidad o Interpretación?

Cuando nos acercamos a los hechos del pasado es importante cerciorarnos de que contamos con fuentes fidedignas y a la vez saberlas interpretar dentro del contexto que dio origen a las mismas. Es un error juzgar el pasado con criterios del presente sin tomar en cuenta los propios criterios y contexto histórico y cultural de la época que se está estudiando.

Ha de evitarse también quedarse con una visión histórica oficial o traumática que respondan a los intereses políticos o tendencias de opinión con tintes ideológicos o interés de dominio y propaganda. Y ha de tomarse en cuenta que, aunque la verdad parece oculta o inalcanzable, no ha de renunciarse a su búsqueda y al sentido que la historia puede dar a nuestro presente. Y también, por que no, hay que deleitarse con su narración.

¿Es la historia realidad o interpretación?

[1] Hernán Cortés, Cartas de relación de la conquista de México, Espasa Calpe Mexicana, México 1983.

[2] Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Editorial Porrúa “Sepan Cuantos”, México 1970.

[3] Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España: Tomo lll, Libro Xll, Conaculta, México 2000, P. 1161.

[4] Autor anónimo de Tlatelolco, Relato de la conquista, Universidad Autónoma de México, México 2006.

[5] Obras Históricas de Don Fernando de Alba Ixtlilxóchitl, (publicadas y anotadas por Alfredo Chavero), Colección Digital UANL, México Of. Tip. De la Secretaría de Fomento 1891-1892. En http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080012502_C/1080012502_C.html

[6] Francisco Javier Clavijero, Historia Antigua de México, Editorial Porrúa, “Sepan cuantos”, México 2014. P XXll.

[7] Lucas Alamán, Hernán Cortés y la conquista de México, T. 1, Editorial Jus, México 1969, P. 109.

[8] Federico Navarrete Linares, ¿Quién conquistó México?, Debate, México 2019.

[9] Pedro Salmerón, La batalla de Tenochtitlan, Fondo de Cultura Económica, México 2021. P 11-12.

[10] Hugh Thomas, La conquista de México, Editorial Patria, México 1994, P. 11.

[11] Miguel León Portilla, Visión de los vencidos: Relaciones indígenas de la conquista. Universidad Nacional Autónoma de México, México 2009.