Historia del México Prehispánico
Tlatelolco Prehispánico
Fundación de Tlatelolco
Al norte del centro de la ciudad, si vamos por el eje central Lázaro Cárdenas, nos encontramos a mano izquierda con el espacio que llamamos la Plaza de las tres culturas, es impresionante porque en realidad se puede observar como se contrastan 3 tiempos diferentes en un espacio que se torna por demás interesante. Lo prehispánico por las pequeñas pirámides, lo colonial por la iglesia y lo moderno por la unidad habitacional que se empezó a construir en la década de los 60’s.
Tlatelolco se funda cunado un grupo de los aztecas, que acaban de llegar a los lagos del Valle de México se separan del núcleo principal que había fundado la Gran Tenochtitlan, después de un desacuerdo entre ambos. Este nuevo contingente funda su ciudad al norte de la Gran Tenochtitlan.
Cortes se prepara para el ataque a Tenochtitlan.-
Durante la conquista en 1521, los españoles ponen sitio a la Gran Tenochtitlan, para concluir de una vez por todas la conquista de la capital del imperio mexicano. Después de la batalla de Otumba donde Cortes y su ejército salieron milagrosamente a salvo, se instalaron en Tlaxcala para recuperar las fuerzas perdidas. Era evidente que por más intentos políticos que el Capitán general intentara, Tenochtitlan, no sería suya sino en base a la toma efectiva de la capital.
Los aztecas por su parte, habían perdido la oportunidad de conjurar la intervención después de la victoria de la Noche Triste, al no eliminar al ejército español, que se encontraba indefenso y a merced del emperador Cuitlahuac. Ahora no tenían otra alternativa que prepararse para esperar el embate de un Cortes decidido a todo.
Ya en Tlaxcala, Cortes corrigió los errores que había cometido en su primera estadía en la capital azteca, para que no volvieran a repetirse. Los españoles habían aprendido la lección. Dentro de los preparativos, Cortes recibió refuerzos de embarcaciones que llegaron a Veracruz, con más armas, caballos, cañones y hombres de refresco.
Por la forma geográfica que tenía la ciudad de México, Cortes concibió la idea de la construcción de embarcaciones pequeñas para poder surcar los lagos del Valle de México. Fueron los famosos Bergantines, que se elaboraron con la madera de las naves que habían sido inutilizadas tiempo atras para impedir la descerción entre sus tropas. Esta novedosa arma habría de ser de vital importancia.
Inicia el ataque.-
Estando todo a punto, se dio inicio a la empresa, tomando las ciudades aledañas, como Texcoco, Xochimilco, Cuernavaca, Huejotxingo y Chalco, para impedir la entrada de alimentos y suministros e iniciar un sitio en forma. Los mexicas lucharon valientemente, pero estaban en ostensible inferioridad de recursos.
Los bergantines por su parte, fueron claves para ir tomando pedazo a pedazo la capital del imperio azteca.
Dividiendo sus tropas por los 4 puntos cardinales, los españoles comenzaron a estrechar el cerco en torno a los desamparados aztecas. A cada paso que Cortes ganaba terreno. Las ciudades estado antaño aliadas de los mexicas, se fueron poniéndose a las ordenes del Capitán General, jurándole fidelidad y esperando ser perdonados de sus alianzas con los aztecas.
Mientras se estrechaba el cerco, hubo varios ofrecimientos de paz al nuevo emperador mexicano Cuahutemoc, que había tomado el mando después de la muerte de su tío Cuitlahuac. Sin embargo, el Águila caída, estaba decidido a resistir hasta lo último. Con el tiempo, las tropas españolas irrumpieron en la Plaza Mayor, con el propósito de tomar el Centro de la Gran Tenochtitlan. El punto era ya indefendible, había que buscar otro lugar y Tlatelolco aún se hallaba intacto.
Tlatelolco el últimos bastión de resistencia.-
De tal manera que Cuauhtémoc, decidió trasladar la sede del gobierno, la población sobreviviente de Tenochtitlan y lo que restaba de su ejército al lugar estratégico, que a pesar de las promesas de Cortes se mantenía fiel al emperador azteca. Con esto Tlatelolco se convirtió en la nueva capital del imperio. Con este movimiento brillante la resistencia mexica tuvo un momento de recuperación.
El primer asalto a la ciudad, demostró que los tenochas no estaban vencidos. Cortes preparó un ataque desde varios frentes. Escribió a Alvarado para que sentara sus reales en el Mercado de Tlatelolco. Gonzalo de Sandoval debía unirse a Alvarado, pero dejando sus jinetes al norte, para dar la impresión de que levantaba por completo sus reales, esto permitiría a la caballería atraer a los mexicas a una emboscada.
Entretanto Alvarado, avanzaría desde el Oeste, en colaboración con los infantes de Sandoval. Cortes por su parte dividió sus tropas. Avanzarían por la calzada sur, como solían hacerlo y una vez dentro de Tenochtitlan se separarían en tres columnas. una mandada por Alderete, marcharía por la calle mayor, primero hacía la plaza mayor, delante del recinto del Templo, y luego hacía el noreste, en dirección a Tlatelolco.
Andrés de Tapia y Alvarado, avanzarían por el camino transversal de este a oeste, hacía la calzada de Tacuba. Cortes iría por el norte, con unos 100 infantes y ocho caballos, así como un contingente numeroso de aliados. Cada una de estas tres columnas debería, desde luego, atravesar los amplios canales que separaban Tenochtitlan de Tlatelolco, pero lo harían en puntos diferentes.
La última batalla.-
Todo se inició, como estaba planeado. La columna de Cortes capturó dos nuevos puentes y dos barricadas. Atravesó el canal que la separaba de Tlatelolco. Su avance se hizo más lento, porque la ciudad no tenía las amplias avenidas, ni la división cuadrangular que caracterizaba a Tenochtitlan. Cortes no conocía bien aquellas calles.
Luego, tuvo que hacer frente a un fuerte contraataque mexicano y se vio obligado a detenerse. Un sistema de defensa que empleaban los aztecas para defenderse, consistía en cavar zanjas profundas para detener o retrasar el avance de los españoles. Por su parte, los castellanos aprovechaban a sus numerosos aliados para que rellenaran las zanjas. De tal manera, que esta circunstancia se convirtió en una constante durante los enfrentamientos.
Cortes, queriendo aprovechar el que había detenido su ataque, se aprestó revisar el relleno de las zanjas, y se encontró con que una importante, la que había usado Alderete, no había sido bien rellenada, o había sido abierta de nuevo por el enemigo. Sea lo que fuere, en vez de que el amplio canal entre las ciudades estuviera lleno de cascajo, troncos y tierra, había un foso de unos diez o doce metros de altura, en el cual el agua subía ya unos dos metros y medio.
Hubo una serie de reproches entre Cortes y Alderete, por el descuido de la zanja. Lo más probable, es que los mexicas mismos tuvieran la brillante idea de una acción de lo que ahora llamaríamos un comando, después de que pasara la columna de Alderete. Como quiera que fuese, en unos pocos segundos el cariz de la batalla había cambiado en contra de los españoles.
Los hombres de Alderete se veían forzados a retroceder por el peso de la oposición mexicana. La retirada se convirtió de súbito en desbandada, cuando el inesperado obstáculo de la zanja abierta provocó el caos. En las atestadas calles, los conquistadores no podían emplear los cañones y los caballos. La presión era continua, los aliados indios fueron presa del panico, y los triunfantes mexicanos, al darse cuenta de lo que sucedía, enviaron sus canoas a la ancha zanja del camino.
Última victoria de los mexicas.-
Allí sus tripulantes procuraron capturar a cuantos enemigos pudieron, a medida que los castellanos y sus aliados se echaban al agua tratando de nadar hasta la orilla. Cortes mismo estaba tan ocupado luchando, que no se dio cuanta del peligro en que se hallaba. Y una vez más, como antes sobre los puentes y en Xochimilco, los mexicanos pudieron haberlo matado, de no haber sido por su tonto e institucionalizado deseo de capturarle vivo para llevarlo a la piedra de los sacrificios.
Esta deseada captura habría podido conseguirse, de no haber sido otra vez, como en Xochimilco, por la acción de Cristóbal de Olea, el hábil espadachín de medina del Campo, que una vez más salvó a Cortes al cortar las manos de los mexicanos que le tenían sujeto. Sin embargo, ahora fue alcanzado y muerto después de haber salvado a su comandante.
Durante estos combates, hubo mexicas que se distinguieron, uno de ellos fue Ecatzin, que pertenecía a los otomilt, orden militar comparable a los caballeros águila y el jaguar, compuesta de hombres juramentados a no batirse jamás en retirada. Ecatzin era un notable lanzador de grandes piedras.
Lo curioso de esta última victoria mexicana sobre los españoles, es que ninguna fuente, habla de la intervención de Cuauhtemoc en la justa, como si el emperador fuera un hombre remoto, que adopta decisiones, pero no aparece por ningún lado en el conflicto. Nunca se le critica, pero es una ironía que en una nación organizada para la guerra, su comandante supremo parezca haber estado por encima de los combates.
La sorpresa se había producido, justo cuando los aztecas estaban ya por rendirse y cuando nadie pensaba que los mexicas pudieran derrotar a los españoles, ya que se encontraban en ostensible inferioridad númerica, de recursos alimenticios y sobre todo de armamento. Por un momento pareció que la situación daba un giro de 180º, ¿Volverían los mexicanos a parar a los españoles como hacía un año en la “Noche Triste”?, ¿Sería posible semejante milagro?.
El daño sufrido por los castellanos, era importante. Se calcula que hubo 60 españoles muertos y 80 capturados que servirían para la Piedra de los Sacrificios y 3,000 aliados muertos. Se perdieron caballos, armas y hasta un cañón.
Mientras tanto, Pedro de Alvarado y Gonzalo de Sandoval, avanzaban lentamente por sus frentes, cuando de súbito les aparecieron por separado, fuerzas mexicanas, llevando en sus mástiles de bandera las sangrantes y barbudas cabezas de algunos españoles muertos. Éstas fueron arrojadas a sus pies como trofeos de guerra, diciéndoles que “así os mataremos como hemos hecho con Cortes y Sandoval”. Esto fue para Alvarado, y a Sandoval le dieron el mismo mensaje, con la diferencia de que eran Cortes y Alvarado.
Españoles sacrificados.-
Cada bando por su parte, pensó que la catástrofe había sido descomunal, desmoralizando por completo a los castellanos. Sin embargo, a final de cuentas los jefes pudieron contactarse entre sí, percibiendo con alivio que no todo estaba perdido. Pero de cualquier manera, la derrota había sido escandalosa.
Lo que siguió fue algo realmente espeluznante; el ejército español quedó varado en las calzadas de Tlatelolco, por lo cual tuvieron que pasar la noches siguientes en el mismo lugar. Cuauhtemoc quiso dar un escarmiento a los castellanos y organizó una fiesta macabra en la cual fueron sacrificados los españoles cautivos.
Desde el lugar donde se encontraba el maltrecho ejército castellano, fue posible contemplar como llevaban a los prisioneros desnudos a empujones, obligándoles a subir las gradas. Mientras tanto los instrumentos de música de los mexicas sonaban en todo su esplendor imitando ruidos de animales, búhos, jaguares, panteras tzensontles, que daban un aspecto impresionante a la ceremonia.
Se dieron instrucciones precisas de tratar con especialidad brutalidad a los cautivos, que eran golpeados, pateados y abofeteados mientras se dirigirán al singular cadalso mexica. Finalmente, humillados y heridos, los desgraciados presos, eran colocados en la piedra de sacrificios, sujetados por cuatro ayudantes que los tomaban por los miembros obligándolos a recostarse sobre la angosta y filuda piedra. Un sacerdote, esgrimiendo un enorme cuchillo de obsidiana descargaba el golpe fatal sobre el pecho de la víctima, abriendo el tórax, introduciendo la mano y arrancando el aún palpitante corazón del infeliz, blandiéndolo en lo alto en dirección al sol.
Por supuesto, el efecto psicológico de semejante espectáculo fue devastador sobre el angustiado ánimo de los españoles que no se explicaban el dramático giro de los acontecimientos. Por si fuera poco, la gran mayoría de los aliados indios, sobre todo los tlaxcaltecas, se horrorizaron de la derrota, pensaron que los aztecas acabarían triunfando y que muy pronto les ajustarían las cuentas a todos los traidores. Por lo cual de la noche a la mañana, la gran mayoría, como por arte de magia desaparecieron. Los españoles se encontraban solos.
El ejército español se repone.-
La situación parecía semejarse al momento después de la “Noche Triste”. Todos pensaban que con una ofensiva mexica sobre el desconcertado ejército español acabaría con ellos. Sin embargo, esto no era así, en realidad la Batalla de Tlatelolco, fue el último aliento de energía por parte de los mexicanos. La falta de suministros, de alimentos, de agua y de pertrechos producto del cerco, habían hecho su efécto. Era imposible emprender una nueva ofensiva. los aztecas estaban totalmente agotados.
Al no recibir el supuesto inminente ataque, los españoles tuvieron tiempo más que suficiente para curar sus heridas y reorganizar su ejército. Los aliados que se habían asustado, con la derrota, al ver que no sucedía ninguna ofensiva azteca, fueron poco a poco volviendo al campamento de los castellanos.
Sería injusto pretender, que los aztecas volvieron a perder la oportunidad de conjurar el peligro de la conquista como hacía un año. Como dije anteriormente, el agotamiento, el hambre, la situación insalubre que tenían por la falta de agua potable, la terrible mortandad que se había producido por las epidemias y la falta de guerreros ya que la mayoría habían muerto, eran en total un triste realidad que no podía ser disfrazada.
Se reanuda el ataque.-
Convencido de que habían caído en prisas innecesarias, Cortes decidió cambiar de estrategia. Para evitar las emboscadas y los ataques por sorpresa decidió que la única manera de conjurar el peligro, era mediante la destrucción total y sistemática de casas, edificios y canales. En la tarea participaron más de 100,000 indígenas aliados que portaban, picas, hachas de piedra y otros utensilios.
Los escombros servían para cegar fosos y canales. Se trabajaba simultaneamente en todos los sectores; el de Alvarado, el de Sandoval y el de Cortes. En repetidas ocasiones los aztecas intentaron desalojar a los indígenas destructores. Ocultos en las cercanías, los españoles atacaban entonces con sus armas de fuego o lanzando cargas de caballería. Cegados los canales, los caballos ya no tenían dificultad apara desplazarse.
Si contraatacaba un ejército azteca poderoso, los españoles se limitaban a replegarse tranquilamente en sus bases, para reanudar al día siguiente la operación y matar otros indígenas más. El dilema de los aztecas era terrible; si se cruzaban de brazos, los invasores proseguían impunemente la demolición de la ciudad. Si atacaban en grupos reducidos un ejército incomparablemente superior los hacía trizas, y si lo hacían en grupos grandes, el enemigo se rehusaba a presentar frente, sabedor de que el tiempo estaba de su parte.
En efecto, las raíces y cortezas de árbol masticadas que se encontraban en las calles revelaban al invasor los estragos que causaba el hambre en el bando tenocha. Ratones, aves y gusanos desaparecieron del islote, devorados por los defensores.
Finalmente, agotados y desesperados, Cuauhtemoc decidió intentar la huida con la esperanza de poder reorganizar la resistencia desde otro poblado lejano. Pero la táctica no dio resultados, resultando fácilmente capturado, y con estó la resistencia de Tlatelolco termino y junto con la ciudad, el fin del imperio azteca. Con esto daba inicio a la era de la colonia, un 14 de Agosto de 1521.
Continuación
Amenaza de Cuahutemoc.-
Los problemas de los castellanos, no eran pocos, ya que el ser abandonados por sus aliados, les hacía perder la ventaja de la superioridad numérica, ante un oponente más veleroso y resistente de lo que habían supuesto. Además se anunció, que la pólvora y las municiones estaban a punto de agotarse. Sin embargo, el Capitán general, Hernan Cortes tuvo la suficiente tranquilidad para no caer en la desesperación.
Sabía perfectamente que los tenochas y tlatelolcas, no tenían con todo, energía suficiente para emprender una ofensiva definitiva, que acabara con los castellanos. Recordó como hacía un año habían sobrevivido en mucho peor situación, por lo cual era menester tener calma de nueva cuenta y Cortes supo tranquilizar a sus desmoralizadas tropas.
La primera prueba, consistía en demostrar que la fanfarronada de Cuauhtemoc lanzada a sus aliados indios, era totalmente improbable, por lo cual los conminó a esperar el plazo señalado para que se dieran cuanta de que a pesar de la derrota los españoles estaban lejos de ser aniquilados. Terminado el plazo, los desertores podrían volver a tomar parte del saqueo definitivo de la ciudad. Los indigenas aceptaron el trato.
Mientras tanto, Cortes se preparo para resistir el ataque de los mexicas, que de alguna manera tratarían de expulsarlo. Gracias a la artillería la posición resulto inexpugnable. La realidad se empezó a manifestar, los aztecas, no tenían ni con mucho la suficiente energía para expulsar a los castellanos y fueron rechazados una y otra vez.
Se reanuda el ataque.-
En lo que se defendía, Cortes mando una columna de soldados sobre los matlazincas de las cercanias de Toluca, aliados de los tenochas que, según se decía, alistaban un poderoso ejército para atacar a los invasores por la retaguardia. Con el auxilio de miles de guerreros texcocanos, los españoles triunfaron. Malinalco y otras ciudades matlazincas fueron ocupadas.
Con estas acciones, transcurrieron los 18 días pronosticados de Cuauhtemoc, y los españoles seguían ahí vivitos y coleando, conteniendo sin gran problema los embates de los aztecas, que hacían desesperados esfuerzos por expulsarlos. Al ver esto los desertores, sus temores desaparecieron, y mansamente fueron volviendo al campamento español. Cortes los recibió con los brazos abiertos, ya que con este apoyo, era la hora de pasar de la defensiva a la ofensiva.
Por si fuera poco, un barco desembarcó en Veracruz con municiones, polvora y pertrechos, que fueron rápidamente transportados a Veracruz, proporcionando tranquilidad en los españoles, levantando el ánimo caido.
Una de las cusas por las que los españoles fueron derrotados, fue básicamente por la impaciencia que estos mostraron, de querer apoderarse de Tenochtitlan antes de tiempo, subestimando la capacidad de resistencia de los aztecas. Ahora era necesario tener paciencia, desgastar poco a poco a los ya muy castigados mexicas, ya que tarde o temprano vendría la rendición.
Sin embargo, Cortes tuvo que tomar una dolorosa desición. Desde un principio, sus esfuerzos estuvieron enfocados a entregar al emperador Carlos V, una ciudad intacta, joya de la arquitectura azteca, que tanto maravilló a los conquistadores. Es por eso que en un principio se intento la conquista pacífica que se había logrado en un principio cuando Moctezuma era emperador. Pero con la llegada de Panfilo de Narvaez y la sublevación de la ciudad cuando Pedro de Alvarado se quedó custodiandola, era ya imposible lograr este objetivo.
No había otro remedio más que destruir la preciada joya, Cortes no tenía otra alternativa, los mexicas jamás iban a rendirse. Además, si no lo hacían, se verían expuestos a ser apedreados desde las azoteas de los edificios y objeto de trampas. Para la tarea Cortes hizo uso de sus valiosos aliados que eran muy numerosos.
La batalla de Tlatelolco.-
Los aztecas, intentaron detener a los texcocanos y tlaxcaltecas de su labor destructiva, pero cunado les hacían frente, los castellanos que se encontraban ocultos, los diezmaban con sus armas de fuego o lanzando su caballería. Era evidente que se encontraban en un callejón sin salida, no sabían que hacer; si atacaban en grupos pequeños eran barridos por la enorme superioridad técnica y numérica y si lo hacían con grandes contingentes, los españoles se absetenían de hacerles frente, sabedores de que el tiempo estaba de su lado.
Por ejemplo: las raices y cortezas de árbol masticadas que encontraban en las calles, revelaban al invasor los estragos que causaba el hambre en el bando tenocha. Ratones, aves y gusanos desaparecieron del islote, devorados por los defensores.
Al principio los tenochas enterraban a su muertos con todas las solemnidades habituales. Despues se limitaban a esconder los cadáveres en las casas, y cuando las casas estuvieron llenas de cuerpos, ya ni siquiera los levantaban del sitio donde caían. Caminaban sobre sus hermanos muertos o durmían junto a ellos. Un terrible herdor envolvía el islote. El valor sucida que demostraban los defensores era producto, aparentemente, del peyote y los hongos alucinógenos que consumían.
Hacía fines de Julío, Cortes, Alvarado y Sandoval habían avanzado lo suficiente por sus respectivos sectores para que las tres fuerzas se unieran. los tenochas estaban apiñados en el Centro Cívico y en unos cuantos barrios de Tlatelolco, que constituían aproximadamente la octava parte del islote. El resto era un páramo de ruinas dominado por un enemigo cada vez más numerosos, puesto que Cortes no cesaba de pedir tropas de refuerzo.
A pesar de todo, Cuauhtemoc rechazó todas las ofertas para negociar la capitulación. Los aztecas pasaban el día aguzando estacas, recogiendo piedras, guardando un poco de agua de lluvia para beber. En su mayoría dormían en canoas o a cielo abierto, pues los lugares techados donde no había cadáveres estaban reservados para el reposo de los guerreros más distinguidos. Las mujeres, con falda arremangada para facilitar sus movimientos, participaban también de la lucha.
El sitio se prolongaba como pesadilla: un encuentro en una parte de la ciudad, una escaramuza en otra, emboscadas y retiradas en la que morían algunos aztecas, algunos españoles o algunos indígenas aliados. La impaciencia consumía a los conquistadores. Cortes y Alvarado sumaron sus fuerzas en un intento de tomar la plaza de Tlatelolco. Tras un primer fracaso, lograron su objetivo.
La catapulta.-
De nuevo escaseaban la polvora y las municiones. Un español veterano de las guerras de Italia se ofreció a solucionar el problema construyendo una catapulta que serviría para bobardear el caserío donde seguían refugiados los tenochas.
La construcción de la catapulta se llevó a cabo en la plaza y estuvo rodeada de general expectación. Sitiadores y sitiados entablaron una especie de tregua para observar los trabajos. Poco después la “honda de palo” como llamaron los indígenas, hizo su primer disparo, “pero no cayó la piedra sobre los naturales, sino que pasó a caer tras ellos en un rincon del mercado”, según anotó un cronista indígena.
Los españoles mandaron a traer una piedra más grande que la primera, tensaron el trabuco, se hizo un gran silencio y con un violento restallar de cuerdas la catapulta fue disparada por segunda vez. la roca salió hacía lo alto, pero en vez de adelantarse en su graciosa curva volvió a caer como un bólido sobre el armatoste que la había disparado.
Con esto ya nadie habló de volver a emplear la catapulta. Aunque siguieron escaseando la pólvora y las municiones, no estaba embotado el filo de las espadas y los aliados de Cortes parecían disponer de cantidades inexhaustibles de flechas, lanzas y macanas.
Metro a metro, casa por casa, los aztecas perdían terreno. Aún así niños y ancianos seguían en las azoteas arrojando piedras, y cuando ya no tenían nada que lanzar, se arrojaban ellos mismos sobre los invasores, en un intento de darles muerte con el impacto de su cuerpo enflaquecido.
Cortes ansiaba poner fin a la absurda matanza. Puso en libertad a uno de los altos dignatarios tenchas que había capturado y por enésima vez mandó a decir a Cuauhtemoc que se rindiera. En respuesta el monarca hizo sacrificar al mensajero.
La Cihuacoatl.-
Íntimamente, sin embargo, Cuauhtemoc sabía que la situación era insostenible. El 9 de Agosto, celebró una conferencia urgente con sus consejeros. Aunque todos reconocieron que estaba próximo el fin, resolvieron hacer un último esfuerzo, hechar mano del recurso supremo antes de abandonar la lucha: lanzarían contra el enemigo la Xiuacoatl, la “serpiente de fuego” con que Hitzilopochtli el sol ponía en fuga diariamente a la luna y las estrellas.
La Xiuacoatl era una lanza de grandes proporciones que los aztecas atesoraban entre sus reliquias más preciadas. Según las tradiciones, esta arma tenía poderes mágicos para destruir a cualquier enemigo, pero sólo debía usarse en casos extremos. Escogieron para lanzarla a un valiente guerrero llamado Opochtzín. Para dar mayor solemnidad al acto, Opochtzín fue revestido con las ropas del tecolote de qutzal que había pertenecdo al terrible Ahuizotl. Según las crónicas, Cuauhtemoc dijo al guerrero:
Esta insignia era la del gran capitán que fue mi padre Ahuizotl. Llévatela, pontela y con ella espanta, con ella aniquila a nuestros enemigos. Veanla nuestros enemigos y queden asombrados.
Acompañados por 4 guerreros, que le servían de resguardo, Opochtin hizo su aparición en le campo de batalla, un indigena dijo: “Cuando lo vieron nuestros enemigos fue como si se derrumbara un cerro, mucho se espantaron todos: los lleno de pavor, como si su insígnea vieran otra cosa. Subió a la azotea y cuando lo vieron algunos de nuestos enemigos luego se dispusieron a atacarlo. Pero otra vez los hizo retroceder, los persiguió”.
Parece que el efécto de la aparición de Opochtzin desconcerto a los iondígenas del bando cristiano, quienes pensaron que los acosaba un fantasma, el más temible de los monarcas azteca resucitado para salvar a su pueblo. Muchos abandonaron despavoridos el campo de batalla. Los españoles hicieron frente a Opochtzn y 3 de ellos cayeron prisioneros.
Todavía al día siguiente los indígenas del bando cristiano estaban tan asustados que nadie combatió. Pero los aztecas seguían rodeados por todas partes, hambrientos y desvalidos, y gradualmente comenzaron a cavilar en torno a la posibilidad de que la xiuacoatl y Huitzilopochtli hubieran fallado.
Los últimos días.-
Por la noche cayó una lluvia fina y los aztecas creyeron ver en el cielo una extraña lluvia de fuego, roja y chisporroteante, que desde lugo fue interpretada como un mal presagio. Un cronista indígena relató: “Ya no teniamos escudos, ya no teniamos macanas y nada teniamos que comer. Ya nada comiamos. Y toda la noche llovió sobre nosotros.”
Cortes concertó varias entrevistas para tratar la paz con Cuauhtemoc y en cada ocasión el monarca faltó a la cita. A pesar de la repugnancia que sentía de seguir luchando contra aquel puñado de infelices, Cortes tuvo que dar ordenes de proseguir el avance sin miramientos. Seres famélicos, verdaderos esqueletos armados seguían ofreciendo resistencia. Millares de ellos fueron hechos prisioneros o muertos. El día 12 Cortes estuvo a punto de concluir la toma de la ciudad, pero el hedor de los cadáveres resultaba insoportable y los invasores tuvieron que retirarse cubriendose la nariz.
El 13 de Agosto, día nublado y frio los bergantines de Sandoval terminaron la ocupación de una lagunilla ubicada al norte del islote. Cortes, al mando de la artillería, decidió emplear la poca pólvora que le quedaba en derribar a cañonazos las últimas casas que continuaban en pie. A medio día, véncida practicamente la resistencia, se emprendió el avance final.
Un espectáculo dantesco, aguardaba a los invasores. El suelo estaba totalmente tapizado de cadáveres y solo encima de los cuerpos se podía caminar. Los guerreroa aztecas, vestidos con todas sus galas, aguardaban recargandose en las paredes para no caer de debilidad. los que conservaban fuerzas para levantar una macana o arrojar una piedra lo hacían, con la esperanza de que los mataran en represalia. Resonaba por todas partes el llanto de los niños, mujeres y viejos. Los indígenas del bando cristiano, convencidos por fin de de que los aztecas no tenían escapatoria, saciaron sus viejos odios llevando a cabo una matanza espantosa.
Mientras tanto Cuauhtemoc celebraba una última conferencia con sus principales allegados. Después de escuchar las distintas opiniones resolvió huir rumbo a las tierras del norte, donde creía posble encontrar gentes fieles a su causa que le ayudarían a reiniciar la lucha.
Acompañado por su esposa y algunos de sus colaboradores principales, Cuauhtemoc abordó una canoa. Las aguas eran patrulladas constantemente por los bergantines y la presencia de la embarcación no tardó en ser advertida. Después de una breve persecución, el caudillo azteca cayó prisionero. Su captor fue un español apellidado Olguín, que capitaneaba uno de los bergantines de Sandoval.
La captura del emperador.-
No tardó en llegar a oidos de Cortes la noticia de la captura. En medio del júbilo resultante se improvisó un escenario decorado con tapices y tercipelo para que sirviera de fondo a la ceremonia de rendición. Cuando Cuauhtemoc llegó al lugar, Cortes lo esperaba sentado en una lujosa silla y con la Malinche a su lado. El capitán español se puso de pie al ver a su rival. Durante unos instantes ambos caudillos se miraron sin decir palabra. Luego Cuauhtemoc entregó a Cortes un puñal y le pidió que lo matara.
El caudillo admiraba el valor aún en el enemigo y por supuesto se negó a hacer semejante cosa. Pidió a Cuauhtemoc y a su esposa que lo acompañaran a comer, y todos pasaron un buen rato hablando, como si fueran viejos amigos. Moría la tarde del 14 de Agosto de 1521 y todo era ruinas en torno al sitio donde se celebró la rendición.