Leyendas

La Llorona en la Gran Tenochtitlan

Frio y siniestro era el ambiente, el aire corría entre las rectas calles de la ciudad, el ruido de las aguas del lago de Texcoco, era constante y por momentos silbaba tétricamente, era un preludio de que algo iba a suceder.

 

Al centro del puente Texcacoac, próximo a la plaza principal, en medio de la helada noche, cuatros sacerdotes del Templo Mayor, aguardaban expectantes y temerosos la aparición femenina de la misteriosa mujer que desde hacía unos días ponía pavor y espanto en los corazones de los habitantes de la Gran Tenochtitlan.

 

Los hombres estaban vigilantes, despiertos a deshoras, ya que desde hacía varias horas el sol se había ocultado. Todas las antorchas que alumbraban débilmente la ciudad, titilaban débilmente, siendo apenas perceptibles. No muy lejos de ahí, en la explanada del Templo Mayor, se escuchaban los gritos, lamentos y groserías de un anciano ebrio de pulque que tambaleante caminaba por la plaza, cayendo en cada esquina y quejándose de los golpes de las caídas. Era por demás; ¡los cuatro religiosos no podían concentrarse!.

 

Sus ojillos vivaces, se dirigen cielo estrellado, en donde señorea la gran luna blanca que se reflejaba en el argentino espejo del lago de Texcoco; bandadas de patos silenciosos bajan en busca de los gordos ajolotes, que alegres y chapuceros, nadan en la extensión del manto acuífero.

 

Los sacerdotes confrontan el movimiento de las constelaciones estelares, para determinar la hora exacta en que habría de producirse el suceso, sus profundos conocimientos de la astronomía les permiten detectar el tiempo y la señal de los cielos.

 

De pronto se oye un lastimero gemido....  ¡Ahhhhhhhhhhhhh!, ¡Ahhhhhhhhhhhhh!

Era un quejido lastimoso, hiriente y sobrecogedor. Un sonido agudo como escapado de la garganta de una mujer en agonía. El sonido se va extendiendo sobre la superficie del agua, rebotando contra los montes y enroscándose en las alfardas y en los taludes de los templos. Muchos tenochas lo pudieron oir.

 

 

El grito rebota en los dos templos, uno dedicado a Huitzilopochtli y el otro a Tlaloc, que estaban en la cima del imponente “El Templo Mayor”, que comenzara a construir el emperador Tizoc en 1481 para ser terminarlo después por Ahuizotl en 1502, inaugurando la edificación con una semana completa de sacrificios humanos. Este alarido, que se esparció por varias de las isletas de la gran ciudad, pareció quedar flotando en el maravilloso palacio del Emperador Moctezuma Xocoyótzin.

 

-- ¡Es Cihuacoatl! -- exclamó el más viejo de los cuatro sacerdotes que aguardaban el portento. --¡La Diosa ha salido de las aguas y bajado de la montaña para prevenirnos nuevamente! --, agregó el otro interrogador de las estrellas y la noche.

 

Los religiosos se encuentran temerosos, con deseos de huir, pero con la obligación de informar al emperador sobre los hechos, no les quedo mas remedio que subir al lugar más alto del templo, donde pudieron ver hacia el oriente una figura femenina de blanco, con el pelo peinado de tal modo que parecía llevar en la frente dos pequeños cornezuelos, arrastrando o flotando una cauda de tela tan vaporosa que jugueteaba con el fresco de la noche de luna llena.

 

Cuando se hubo opacado el grito y sus ecos se perdieran a lo lejos por el rumbo del señorío de Texcoco, todo quedó en silencio. Sombras ominosas huyeron hacia las aguas hasta que el pavor fue roto por algo que los sacerdotes primero y poco tiempo después Fray Bernandino de Sahagún manifestaron que decía los siguente:

 

"...¡Hijos míos... amados hijos del Anahuac, vuestra destrucción está próxima!...."

 

Luego, venía otra sarta de lamentos igualmente dolorosos y conmovedores, para decir, cuando ya se alejaba hacia la colina que cubría las faldas de los montes:

 

...¿A dónde iréis?.... ¿a dónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino?.... ¡hijos míos, estáis a punto de perderos!..." 

 

 

Al oír estas palabras que más tarde comprobaron los augures, los cuatro sacerdotes estuvieron de acuerdo en que aquella fantasmal aparición que llenaba de terror a las gentes de la gran Tenochtitlan, era la misma Diosa Cihuacoatl, la deidad protectora de la raza, aquella buena madre que había heredado a los dioses para finalmente depositar su poder y sabiduría en Tilpo-toncátzin en ese tiempo poseedor de su dignidad sacerdotal.

 

No muy lejos del lugar donde se realizaban los hechos, en Palacio de Gobierno, el emperador Moctezuma Xocoyótzin se atuzó el bigote ralo que parecía escurrirle por la comisura de sus labios, se alisó con una mano la barba de pelos escasos y entrecanos y clavó sus vivaces ojillos en el viejo códice dibujado sobre la atezada superficie de amatl y que se guardaba en los archivos del imperio tal vez desde los tiempos de Ixcoatl y Tlacaelel.

 

El Gran Tlatoani, como todos los que no están iniciados en el conocimiento de la hierática escritura, sólo miraba con asombro los multicolores códices, hasta que los sacerdotes, después de hacer una reverencia, le interpretaron lo allí escrito.

 

Señor, le dijeron, estos viejos anuales nos hablan de que la Diosa Cihuacoatl aparecerá según el sexto pronóstico de los agoreros, para anunciarnos la destrucción de vuestro imperio.

<<Dicen aquí los sabios más sabios y más antiguos que nosotros, que hombres extraños vendrán por el Oriente y sojuzgarán a tu pueblo y a ti mismo, y tú y los tuyos tendrán de muchos lloros y grandes penas y tu raza desaparecerá devorada y nuestros dioses humillados por otros dioses más poderosos.>>

------------------------- Pausa cortita efecto de misterio ----------------------------------

----¿Dioses más poderosos que nuestro Dios Huitzilopochtli?, ¿y que el Gran Destructor Tezcatlipoca? y ¿que nuestros formidables dioses de la guerra y de la sangre? -- preguntó Moctezuma bajando la cabeza con temor y humildad.

 

-----Así lo dicen los sabios y los sacerdotes más sabios y más viejos que nosotros señor. Por eso la Diosa Cihuacoatl vaga por el Anahuac lanzando lloros y arrastrando penas, gritando para que oigan quienes sepan oír, las desdichas que han de llegar muy pronto a vuestro Imperio-----.

------------------------------ pausa corta --------------------------------------

 

 

Moctezuma guardó silencio y se quedó pensativo, hundido en su gran trono de alabastro y esmeraldas; entonces los cuatro sacerdotes volvieron a doblar los pasmosos códices y se retiraron también en silencio, para ir a depositar de nuevo en los archivos imperiales, aquello fue lo que dejaron escrito los más sabios y más viejos.

 

Por eso desde los tiempos de Chimalpopoca, Itxcoatl, Moctezuma, Ilhuicamina, Axayácatl, Tizoc y Ahuizotl, el fantasmal augur vagaba por entre los lagos y templos del Anahuac, pregonando lo que iba a ocurrir a la entonces raza poderosa y avasalladora.

 

Moctezuma trata de evadirse del problema.-

No pasó mucho tiempo; día a día, la angustia del emperador iba en aumento. Mas signos portentosos aparecían; un rayo cayó y quemó el templo de Hutzilopochtli, de vez en vez hervían de manera inexplicable las aguas del Lago de Texcoco; una estrella de fuego cruzó por los cielos; Moctezuma se sentía temeroso, inseguro, no sabía a que se estaba enfrentando, por lo que decidió pedir ayuda a los nigromantes, los magos y hechiceros más famosos del orbe.

 

Frecuentes fueron las reuniones y comparecencias, tanto los ministros, sacerdotes como hechiceros dieron su punto de vista sin llegar a ningún tipo de conclusión, nadie tenía la menor idea de lo que se acercaba; reinaba la confusión y la incertidumbre, pero fuera lo que fuera, el miedo había cundido en el ánimo de Moctezuma, por lo que decidió evadirse del problema.

 

Y que mejor lugar que la puerta del Inframundo ubicada en Chapultepec, la que llamaban Cincalco y que estaba custodiada por Huemac, último emperador de los Toltecas que se había ahorcado en ese lugar precisamente; Moctezuma pretendía acogerse a la hospitalidad del custodio, reinar junto con él en ese lugar que pensaba era de dicha y contento, en lo que se abatían los terribles problemas sobre su reino, olvidándose del sufrimiento.

 

Junto con otro grupo de hechiceros y nigromantes, los más capaces del reino, se dispuso llevar a cabo tan insensato plan que fue impedido en el último momento, por un mancebo que encarnaba al dios Huitzilopochtli. A final de cuentas, sería el primero en una larga lista de mexicanos en apurar el cáliz del martirio.

 

Los pronósticos y quejidos de la Llorona, acabaron siendo una triste y dramática realidad, los días del imperio azteca estaban contados, la llegada de los españoles fue el cumplimiento de la terrible profecia.

 

Investigación histórica de Hugh Thomas

 

Esto que acaban de escuchar, es un relato imaginario, armado de todos los ingredientes necesarios para hacerlo pasar por histórico. Sin embargo, en base a los testimonios que los primeros cronistas españoles, soldados y religiosos, recogieron de las entrevistas a los sobrevivientes del sitio de Tenochtitlan, ancianos que aún recodaban lo sucedido, tenemos lo siguiente investigación.

 

Los Mexicas tenían una factoría en Xicallanco, a orillas de la laguna, muy al sur, en el golfo de México, considerada posiblemente como la puerta hacia el Yucatán. Allí, hacia 1502, oyeron rumores de la aparición de hombres blancos barbados en las costas del Caribe, más allá del Yucatán.

 

Se decía que los forasteros eran hombres especialmente feroces. Parece ser que desde inicios del siglo XVI, llegaran relatos a México de lo que había ocurrido recientemente en las islas más grandes del Caribe; ¡no hacía falta exagerar tales acontecimientos para que causaran terror!.

 

Por ejemplo, hacia 1512, se perdió cerca del Yucatán una canoa en la que iban nativos de Jamaica, esto, constituía un fenómeno que gradualmente ocurría debido a las corrientes y tempestades que azotaban el Mar Caribe y de las Antillas, ya que los naturales de esta zona, poseían por necesidad una técnica de navegación mas adelantada y audaz que las de las culturas mexicanas y constantemente hacían incursiones de una isla a otra del tupido archipiélago.

 

De los que sobrevivieron, uno o dos que seguramente contaron cosas desagradables, al menos por medio de gestos pues su idioma, si bien es una versión del maya, era diferente de los pueblos del Yucatán o de México, y aunque el mensaje no era claro, al menos dejaron la sensación de que allende de la costa, algo terrible estaba ocurriendo.

 

 

Otro de los hechos misteriosos, fue el de un baúl arrojado por el mar hacia la costa, y que fue llevado del golfo de México a Tenochtitlan. Dentro encontraron varios trajes, unas cuantas joyas y una espada. ¿A quién pertenecían? Nadie había visto nada semejante. Sin encontrar explicación al raro hecho, el emperador Moctezuma distribuyó su contenido entre los reyes de Tacuba y de Texcoco.

 

Poco tiempo después llegó un mensaje del Yucatán, enviado probablemente por un comerciante mexicano. Se trataba de un manuscrito doblado, en el que figuraban tres templos blancos flotando en el mar sobre grandes canoas.

 

Moctezuma preguntó a sus principales asesores lo que debía hacer. Estos no estaban tan inquietos como él. Recomendaron que se consultara al dios Huitzilopochtli. A continuación pidió consejo a los sacerdotes. Estos, prevenidos de antemano, se mostraron evasivos. Al no dar una respuesta satisfactoria, Moctezuma castigó a algunos de ellos.

 

Los comerciantes de Xicallanco, al parecer, mandaron unos informes en los que hablaban de nuevos hombres extraños. Con esto se confirmó probablemente lo que se decía en otras factorías mexicanas más al sur, en el istmo de Centroamérica. Así pues, tal vez los mexicas se habrían enterado de la existencia de una colonia de hombres blancos asentados a apenas unos mil seiscientos kilómetros (a vuelo de pájaro) al sudeste del Yucatán, en Darién, el actual Panama.

 

Además se informó posteriormente de que en México, hacia 1502, se habían observado unos fenómenos extraños que parecían presagiar tiempos difíciles. Primero, pro ejemplo, se dijo que cada noche, durante un año, se había visto una lengua de fuego en el cielo, presumiblemente de un cometa extraordinariamente brillante.

 

En otro suceso inexplicable, el techo de paja del templo en honor de Huitzilopochtli, que estaba en la cima de la gran pirámide, se incendió en lo que indudablemente era una tragedia que auguraba que algo malo iba a pasar, además, fue muy difícil poder apagar el fuego.

 

Posteriormente, en lo que se describió como un trueno silencioso se destruyó otro templo, el de una divinidad más antigua, Xiuhte-cuhtli, el señor del fuego (el que esta metido en un encierro de turquesas; el Madre de los dioses, Padre de los dioses)?

 

Esto fue particularmente alarmante, pues el fuego, presente en los hogares de las casas y en braseros frente a los templos, se veía como uno de los grandes logros de los dioses.

 

La aparición de la Llorona, se produce cuando un cometa cayó en picado, se partió en tres y esparció chispas a lo largo del Valle de México. El agua del lago hizo espuma sin razón; muchas de las casas construidas cerca del mismo se inundaron. Y en la noche se oyó a una mujer, que nunca fue identificada, gritar: ¡Oh, hijos ya nos perdemos! y ¿Oh, hijos míos! ¿A dónde os llevaré?.

 

 

Después se dijo que aparecieron extraños seres de dos cabezas. No se cuenta como eran exactamente, ni se dan detalles del pormenor, solo se sabe que los llevaron al zoológico especial de Moctezuma, donde se guardaban los seres humanos deformes y una vez allí, desaparecieron misteriosamente.

 

La leyenda más famosa de esa época es también la más esotérica: se decía que unos pescadores encontraron un ave semejante a una grulla, de color ceniciento. Se la enseñaron al emperador, quien vio un espejo en la cabeza del ave. En el espejo observó primero el cielo y las estrellas y luego varios hombres que se acercaban montando venados, aparentemente dispuestos a librar una guerra. Se decía que el emperador convocó a unos sabios expertos y les pidió su interpretación. Pero cuando estos sabios miraron, tanto la visión como el espejo y el ave habían desaparecido.

 

Al parecer, todas estas predicciones se dieron en el Valle de México. Se creía que había habido presagios semejantes entre los tarascos, al noroeste, y en Tlaxcala, al otro lado de las montañas. Incluso se recordó más tarde que en Yucatán un profeta llamado Ah Cambal “les dijo públicamente que presto serían señoreados por gente extranjera”.

 

Apuntes. -

 

El origen del misterioso personaje es prehispánico y esta corroborado por varios de los cronistas que escribieron la historia mesoamericana por ordenes de Felipe II, con el objeto de aprovechar a los testigos oculares que aún contaran con vida y que recordaran el pasado para ser la base de esa gigantesca reconstrucción.

 

A esta serie de relatos en donde aparece la Llorona, se les conoce como la de “Augurios funestos” y que tienen lugar poco antes de la llegado de los europeos, sin embargo, es mucho más frecuente encontrar al personaje de la Llorona en una gran cantidad de relatos en los tiempos de la Colonia, donde evidentemente tiene un desarrollo creciente en la tradición oral de la población.

 

Este personaje se consolidó durante todas las épocas de la vida de México hasta nuestra época, en donde ha sido la base de: novelas, canciones, puestas de teatro y varias cosas más.

 

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